lunes, abril 19, 2010

La pregunta correcta

Como la mayoría de las noches, justo antes de dormir me dedico a darle vueltas a recuerdos y fantasías que brotan en desorden de mi cabeza y dentro de todo lo que alcanzo a hilar de mis ideas rebotadas, como en cualquier caso de febril creatividad, se cruzan palabras dichas y escuchadas en algún momento; y ya hace varias noches que sale a flote la pregunta que me hiciste sobre porqué termino ahogado en los problemas infantilmente estúpidos que definirían mi vida hasta hoy.

Recuerdo esto, porque fue justamente en uno de esos episodios de obligada vigilia nocturna que volví a tomar el libro que tanto me ha costado terminar, donde encontré una narración que explicaba de una forma racionalmente anti-irracional ese algo interior que nos impulsa a situaciones como las mías. Pero más que eso encontré algo tan literalmente aplicable a nuestra vida universitaria que no podía pasarlo por alto y es este:


El Demonio de la Perversidad - E.A. Poe

(Fragmento)

"Hemos de cumplir una obligación cuya ejecución no admite demora. Sabemos que en el menor retardo va nuestra ruina. La crisis más importante de nuestra vida solicita nuestra inmediata acción y energía con alta e imperiosa voz. Ardemos de impaciencia de poner manos a la obra; el placer anticipado de un glorioso éxito inflama nuestra alma. Es menester de todo punto que la obligación se cumpla hoy mismo, y, sin embargo, la aplazamos para mañana; ¿y porqué? No hay más explicación, sino porque conocemos que esto es perverso: sirvámonos de la palabra sin comprender el principio. Llega mañana y crece ansiosamente el afán de cumplir con el deber; pero al mismo tiempo que el afán aumenta, nace un deseo ardiente sin nombre, de dilatar el cumplimiento de la obligación, deseo verdaderamente terrible, porque su esencia es impenetrable. A medida que el tiempo transcurre, crece más y más el deseo. No nos queda más que una hora, esta hora nos pertenece. Temblamos ante la violencia de la lucha que en nosotros se produce, el combate entre lo positivo y lo indefinido, entre la sustancia y la sombra. Pero si la lucha llega hasta ese término es porque la sombra nos obliga a ello; nosotros nos resistimos en vano. Suena la hora en el reloj, y su sonido es el doble mortuorio de nuestra felicidad, y para la sombra que nos a aterrado tanto tiempo es el canto matinal, la diana del gallo victorioso de los fantasmas. La sombra huye, se desvanece, y al fin somos libres. Pero la pasada energía renace. Ahora trabajaríamos, pero ¡Ay! ya es tarde."

Y cuando esa obligación va más allá de una simple tarea, cuando esa obligación es arrancar la vida del camino que lleva; es más clara la ruina a la que me expongo. La crisis inminente que se desataría por su demora es abrumadora, haciendo que el deseo de poner manos a la obra llame con mayor intensidad de la imaginable pero con la misma fuerza crece esa sombra de perversidad que me paraliza en el tiempo, esperando siempre la hora correcta, el momento de actuar, esperando que mañana si pueda buscar el éxito glorioso que necesito y la lucha interna se prolonga porque el deseo no desaparece y la hora no llega nunca, pasan la horas y aunque es tarde la sombra no se desvanece en su victoria y la lucha interna continúa, hasta que de pronto, algún día sin darme cuenta la sombra oscurezca el deseo de libertad y la perversidad gane la batalla...

2 comentarios:

muñeca dijo...

sabes uno piensa las cosas sin o con determinacion, pero cuando llega a un punto en q la muerte es la solucion solo c dice "ya no mas dolor" sin importar o no los demas solo deja un cuerpo sin alma...sin pensar en el dolor q deja sin importar como lo aga, el cuerpo d esa persona ya sin vida demuestra q la sociendad en una basura sin igual, q la humanidad no a avanzado en lo social q solo deja lagrimas sangre y demas...

Lenwë Alcarin dijo...

Llegué aleatoriamente con blogger acá.
Y me topé con este fragmento de Poe.
Gracias, me identifica mucho ahora.
Saludos y que tengas buena existencia.
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